Una Mujer

Mi búsqueda: Una Mujer
(Rafael Martín del Campo)*

En mi paso por este mundo he conocido personas de todas las clases sociales, pero a fin de cuentas sólo se ha tratado de gente, y lo que yo busco es: ¡Una Mujer!

“Una mujer” que no sea una muñequita de aparador, ni la rosa candorosa e ingenua. Ni tampoco que sea la hermosura mercenaria, ni la madre sumisa y abnegada o esclava del hogar. Busco una mujer que se atreva a ser ella misma con todas sus potencialidades.

“Una mujer” que no tema ser fuerte, segura e independiente, pues con ello no pierde su femineidad y, en cambio, toma el lugar que le corresponde en la evolución de la pareja.

“Una mujer” dispuesta a descubrir y a desarrollar todos sus valores y su potencial, porque los hombres no maduramos emocionalmente jamás si tenemos compañeras, madres o hermanas que han dado poca importancia al crecimiento como persona. La evolución supone un crecimiento compartido.

“Una mujer” que me descargue de todo el peso de un amor no entregado, porque nunca antes alguien lo había recibido por completo.

“Una mujer” que me ayude a verme como soy, no como creo que soy. Que tenga tacto al decirme mis defectos en el momento en que soy más receptivo, para que digiera la crítica constructiva y pueda así florecer como persona.

“Una mujer” que sea tierna, sin perder firmeza, seria sin ser solemne; deseosa de superarse sin sentirse superior; dulce, sin ser melosa, y con frescura de joven, sin ser pueril.

“Una mujer” que sea mi compañera en todo: desde tender la cama juntos, hasta adentrarnos en una aventura intelectual, pasando por la experiencia de trabajar hombro con hombro y recorrer el parque en bicicleta.

“Una mujer” que no se alarme si alguna vez me ve llorar –pues quiero recuperar esa capacidad de expresión reprimida por el machismo– y que me aliente a <> de ser débil y a pedir ayuda a pesar de ser el hombre fuerte.

“Una mujer que descubra lo que le gusta en la vida, y que se esfuerce por averiguar lo que quiere de la misma, teniendo el valor de pagar el precio de sus más grandes anhelos.

“Una mujer” que no se deje utilizar y que nunca manipule a otro ser humano, incluyendo a su pareja, pues no tiene objeto caer en una simbiosis destructiva, cuando existe una alternativa luminosa de un enriquecimiento recíproco.

“Una mujer” que sepa que el hombre está llamado a ser el más elevado de los seres vivientes; y que ella como mujer, fue concebida como la más sublime de las creaciones del universo.

…Cuando la encuentre, la amaré intensamente.

 
Pareciera que el texto anterior describe a "Una mujer perfecta" para "Un hombre -que en igualdad de circunstancias debería ser- perfecto" curiosamente no es así. Desde mi perspectiva ambos seres somos perfectibles, y más tratándose de sentimientos. Pocas son las veces que nos sentimos comprendidos y complacidos con el comportamiento del otro, generalmente lo criticamos y en ello encontramos una forma de confrontarlo hasta llegar a los insultos. En un programa que vi hace algún tiempo en televisión abierta, comentaron que el conocernos a nosotros mismos nos permite conocer al otro, es decir a aquel o aquellos con quienes convivimos. Entonces comprendí que si en el pasado siempre tuve conflicto con mi padre y mis hermanos por mi comportamiento, resultaba obvio que con mi esposo pasara lo mismo. Desde hace años (más de 20) he cultivado un crecimiento personal a partir de: Primero el amor propio, Segundo desapego de mi amor propio y Tercero análisis de mi proceder ante el amor propio de los demás. Sé que no es sencillo vivir conmigo, lo digo honestamente porque sé quién soy, sé que como ser con fisiología femenina, me trastornan las hormonas; haber identificado esos procesos y corregirlos, es un acto de voluntad para una mejor forma de vivir. Es difícil, pero cuando se logra hay un cambio radical en todo lo que nos rodea y por consiguiente los otros cambian su comportamiento con nosotros...

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